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sábado, 7 de abril de 2012

EL CEREBRO SE PUEDE DESARROLLAR EN TODO MOMENTO por Elisa Aranda - Bióloga


Actualmente sabemos que los tres primeros años de vida son muy importantes para el desarrollo de las potencialidades del cerebro humano.
Nuestro cerebro no es un ordenador que sólo funciona cuando tiene todas las piezas en su sitio y está conectado, sino que empieza a funcionar antes de estar terminado; en el seno de nuestra madre, ya funciona.
Los descubrimientos realizados en estos últimos años indican que en los primeros días de la vida de un bebé su cerebro realiza una gran cantidad de conexiones neuronales (uniones de axones con dendritas, que son las prolongaciones de las neuronas o células nerviosas).
Poco después, el cerebro irá seleccionando las conexiones que sean más útiles, y eliminará aquellas que se utilizan raras veces, o nunca. Autoelimina lo que en términos informáticos llamamos "basura".
Así, investigadores del Baylor College of Medicine de Houston han descubierto que los niños que no juegan o reciben pocas caricias desarrollan menos su cerebro.
Algunos investigadores afirman que es posible que no podamos cambiar mucho lo que pasa en el cerebro de un niño antes del nacimiento, pero podemos cambiar lo que pasa después.
Se ha demostrado que a los dos años el cerebro de un niño tiene el doble de conexiones, y consume el doble de energía que el cerebro de un adulto normal.
Cada vez que un bebé intenta tocar un objeto, o recibe una caricia, pequeños impulsos eléctricos recorren las neuronas y se crean nuevas conexiones.
Los padres somos los primeros y más influyentes estimuladores del cerebro de nuestros hijos.
Algunos investigadores, como Bruce Perry, de Houston, afirman que "la experiencia del bebé es el principal arquitecto de su cerebro".
Según las últimas investigaciones, se cree que el cerebro necesita recibir ciertos estímulos en un momento determinado para poder adquirir alguna habilidad. A esto le llaman apertura de ventanas; por ello, hay un periodo de tiempo en el que la ventana de entrada de estímulos permanece abierta; y también hay ventanas que no se cierran nunca.
Según parece, hay una serie de ventanas para desarrollar el lenguaje; algunas se van cerrando a partir de los cinco o seis años, aunque otras perduran toda la vida. Por tanto, se sabe que la capacidad máxima para aprender un segundo idioma se tiene hasta los seis años, y después va disminuyendo de forma constante e inexorable.
La infancia es, por tanto, un periodo muy importante para el desarrollo de las potencialidades de nuestro cerebro y, aunque dependiendo de cierto factor genético, es evidente que los estímulos y la emotividad del entorno influirán muy decisivamente en dicho proceso de desarrollo.
Por tanto, existen datos para poder creer que el cerebro humano, aunque en parte misterioso, puede desarrollarse en todo momento.

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